Supongo que a lo largo de mi vida siempre se me han planteado dos caminos. No es que uno sea bueno y el otro malo, para nada.El primero hasta ahora ha sido el más largo, fue el que tomé de hace dos años a aquí. Fue ahí donde me tropecé contigo y te conocí, donde me hiciste feliz, donde los dos la cagamos. Fue en ese donde me perdí y durante tanto tiempo estuve buscando otra vez la salida. Fue en ese donde después de volver a tomar rumbo volviste a aparecer, y ahí lo de desviarme de nuevo fue cosa mía. Porque no se puede cometer el mismo error dos veces, la segunda vez que lo haces, ya no es un error, sino una opción. El segundo camino, por el contrario, es el que encontré hace cosa de días, semanas, tal vez algún mes. Lo cogí al darme cuenta de que el otro no me llevaba a ninguna parte, o tal vez "ninguna parte" no estuviera a mi alcance. Ahora, en este instante, sigo rumbo a donde no me está permitido saber. No sé si voy bien o mal, no sé si volveré a tropezar y caer. Pero ahora no es momento de preocuparme, ya tendré tiempo de hacerlo. Ahora no. Voy a disfrutar, llevo el viento a mi favor, de momento piso sobre tierra firme. Cada día que pasa descubro algo nuevo, experimento una nueva emoción, encuentro alguna que otra sensación.Y te aseguro, que no te quepa duda de ello, que no hay nada mejor que saborear la felicidad de mil formas diferentes.
A pulso y boli bic
lunes, 10 de octubre de 2011
domingo, 9 de octubre de 2011
Autocontrol.
No dependas de nadie. Nunca. Aprende a vivir como un gato, a tu ritmo, no hagas caso de todas las caricias que te ofrezca la gente, sino selecciona aquellas que más soplen a tu favor. Que no suene arrogante esto, por dios, no pretendo serlo. Pero si haces que alguien sea tu todo, cuando se vaya te quedarás sin nada.
sábado, 8 de octubre de 2011
Como un payaso que grita "Alegría".
Si le das a un niño pequeño un caramelo, el niño te regalará una sonrisa. Si le lanzas un palo a un perro, moverá la cola y echará a correr para traértelo. Si ayudas a cruzar a un señor mayor la calle, probablemente te lo agradezca con algún céntimo. Si vas a un concierto de tu artista favorito, te emocionarán sus canciones. No es difícil hacer feliz a alguien, es más complicado que hacerle llorar, tal vez, pero no es difícil. No es complicado estrechar la mano, dar un abrazo, callar con un beso, decir un tequiero. Felicidad en estado puro, brutal, genial, una sensación única. Creo que muchos pagaríamos por sentirla. A mí esta vez no me ha hecho falta hacerlo, esta vez ha venido sola. Esta vez, todo está perfecto.
jueves, 6 de octubre de 2011
Mucho caos para un todo demasiado simple.
Para muchos el único objetivo en esta vida es llegar a lo más alto. Otros buscan el amor verdadero, el empleo perfecto, convertirse en la persona más rica del mundo o alcanzar la vida eterna. La gran mayoría de la gente esconde los pequeños placeres que se convierten en grandes cosas, por miedo a que alguien se las robe. Es extraño, ¿no? Tienes un tesoro y lo ocultas, cuando el mundo entero podría sonreír a costa tuya. Muy egoísta por tu parte. Sinceramente, y creo que no me equivoco, si nos parásemos a analizar la forma de actuar de cualquier ser humano escogido al azar, nos encontraríamos ante un acertijo realmente enigmático y caótico. Pero también creo, y pienso en esto que tampoco me equivoco, que detrás de todo ese caos se esconde algo demasiado sencillo que cualquier reto a adivinar. Porque sin lugar a dudas, a la mayoría de las personas existentes en este mundo se las reduce con un solo término: amor.
miércoles, 5 de octubre de 2011
3'10.
¡Buenos días mundo! Son las siete y veintiún minutos de la mañana, hace un día precioso aunque todavía no ha salido el sol. No me he levantado con el pie izquierdo, sino que he saltado de la cama. A primera ética, luego gimnasia, más tarde inglés. Llegar a casa, comer, hacer los deberes. Sigo sin ordenador, incomunicada, bueno, ya no. Me duelen las uñas de tanto morderlas, me ha picado un mosquito en el pie. Me llamas, me llamo, el teléfono suena, estoy que no paro, me pongo a estudiar, me estoy aplicando. ¡Hey! Venga, ¿a qué esperas? ¡Sonríe! No, que va, no me afectan esas cosas de la hiperactividad, que va. Lo que ocurre es que tengo ganas de reír a carcajadas, de saltar, de gritar, de correr, de pintar mi nombre en la pared, de lanzarme a tus brazos y besarte. Sí, besarte. Puedo asegurar que es lo único que quiero hacer.
viernes, 16 de septiembre de 2011
Y entre tus besos, me dejo llevar.
Como cuando paseas por la playa al atardecer y la arena húmeda y fría te hace cosquillas en los pies; como cuando escuchas tu canción favorita en la calle y te sientes la protagonista de un videoclip; como cuando metes los dedos en el pudin caliente de chocolate y los chupas como una niña pequeña. Es... es un pájaro que canta cuando amanece, un perro que mueve la cola al verte pasar, una anciana que saluda desde la ventana en una mañana de sol. Es cerrar los ojos y sentir el aire fresco acariciándome el cuello, una buena noticia en el telediario, una sorpresa inesperada. Cuando te veo me pongo nerviosa, me suben hormigas por el estómago y me esfuerzo para que no me tiemblen las piernas. Me gustan tus besos, me gustan mucho. A decir verdad, el resto del mundo se me olvida cuando estoy contigo.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Gracias, merci, thanks, graciñas, danke.
Dicen que cuando uno se siente bien, el tiempo pasa más deprisa. Han sido tres meses, los mismos que esperamos todos los años como locos. Tres meses que han volado en un instante, llenos de momentos, de risas y también de alguna lágrima. Tres meses con detalles suficientes para escribir un cuento de verano. Otro verano. El número quince. Un verano inolvidable y único, con las personas que me hacen sonreír día a día. Unas vacaciones de viajes, campamentos, tardes en terrazas y en la piscina, noches de fiestas, algún enfado estúpido y muchas, muchas, tonterías. He estado con las personas que más quiero y he conocido a otras que se han hecho un huequecito en mi corazón, nuevos amigos, cerca y lejos, algún chico especial. Muchas canciones, bailes, bromas, abrazos, besos, caricias, idioteces, niñerías. Tiempo para disfrutar. Una obra dividida en tres actos: junio, julio y agosto. Y hoy, quince de septiembre, con alguna nube en el cielo y un calor agobiante, es hora de cerrar el telón. Pero al fin y al cabo, todas estas cosas, no habrían sido posibles sin vosotros. Gracias por este verano inolvidable. Muchísimas gracias.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Me elevo al cielo y puedo volar.
Aquí yo misma, montando en las atracciones de los niños pequeños; me gusta el helado cuando ya está un poquito derretido; me río si una palabra me hace gracia; no aguanto que me miren a los ojos. Por las noches, cuando se van los niños, asalto los columpios y bajo por el tobogán; me tiro en los montones de hojas en otoño y siempre gano en las batallas de bolas de nieve. Júzgame, ríete, búrlate, me da igual. Puedes sacarme mil defectos que yo te enseño mil y una cosas buenas. Seré tonta, seré niña, infantil, inmadura, inocente, ignorante, seré lo que quieras. Pero mírame, ante todo y sobretodo, soy yo. Esa que un día a su vez fue tuya, toda tuya. Esa que aunque no lo parezca, sigue adelante, que ha aprendido a levantarse. Ni cojeo ni tengo moratones, corro más rápido que nunca. Creo incluso, que con tus heridas, me has hecho aprender a volar. Y al bajar del tobogán, si quieres que te cuente un secreto, siempre alzo las alas.
jueves, 8 de septiembre de 2011
Los puzzles no se rompen si están incompletos.
Puedes odiarme y repelerme, evitarme, vivir sin quererme. Puede que a mí me duela, que te tuerza la cara, que me desquicie tenerte cerca y desespere si no estás. Puede que eche de menos tu voz. Puede que haya perdido muchas cosas, no obstante, la sonrisa la tengo todo el día asomando en mi cara. Sé que en su día te gustaba y cuando sonreía me besabas y reíamos juntos. Ahora me dedico a enseñársela al mundo por eso que dicen que si los tiempos cambian, uno tiene que cambiar. Y es que, la verdad, por mucho que me faltes, todavía quedan muchos que me hacen sentir una princesa.
martes, 6 de septiembre de 2011
Acción, reacción, repercusión.
Lo tenías todo para ser feliz: unos amigos geniales, unas notas muy buenas y alguien que realmente te quería. Y un buen día tropezaste con el pie izquierdo al levantarte y decidiste tirarlo todo por el váter.Te quedaste sin nada, adiós amigos y adiós al posible amor de tu vida; no intentes negarlo, te quedaste solo. Sinceramente me parece que no eres el más indicado para juzgar los defectos de los demás ni para presumir de cosas que hace mucho perdiste y ahora haces como si apenas te importara. La vida siempre ha sido como un juego y llegará un momento en el que te encuentres sin nadie en el medio de la gran ciudad donde no serás capaz de reconocer el tablero. Tendrás que valerte por ti mismo y aprender que aquí no gana el que más tiene ni el que más guay parece. Llegará un punto donde no podrás comprar la felicidad y se te hará demasiado difícil tapar todo eso que te acojona y quieres evadir. Llegados a ese punto te darás cuenta de que no podrás ir por ahí juzgando a la gente y es prácticamente lo que llevas haciendo tanto tiempo. Y con cuarenta años irás al supermercado y el cajero será aquel con el que te metías de pequeño; pedirás cita en el médico y el doctor será ese que un día fue tu mejor amigo y lo dejaste de lado; y te venderá la hipoteca esa primera novia que tanto dio por ti. Te sentirás solo, muy solo, te lo aseguro. ¿Y sabes lo que pasará entonces? Jaque mate, amigo.
LODVG
En un día de estos en que suelo pensar "hoy va a ser el día menos pensado", nos hemos cruzado, has decidido mirar a los ojitos azules que ahora van a tu lado. Desde el momento en el que te conocí, resumiendo con prisas tiempo de silencio, te juro que a nadie le he vuelto a decir que tenemos el récord del mundo en querernos. Por eso esperaba con la carita empapada que llegaras con rosas, con mil rosas para mí; porque ya sabes que me encantan esas cosas, que no importa si es muy tonto, soy así. Y aún me parece mentira que se escape mi vida imaginando que vuelves a pasarte por aquí, donde los viernes cada tarde y como siempre la esperanza dice "quieta y quizá sí". Escapando una noche de un bostezo de sol me pediste que te diera un beso. Con lo baratos que salen, mi amor, ¿que te cuesta callarme con uno de esos? Pasaron seis meses y me dijiste adiós, un placer coincidir en esta vida. Ahí me quedé con la mano en el corazón y en la otra excusas que ni tú entendías. Y es que empiezo a pensar que el amor verdadero es tan solo el primero; y es que empiezo a sospechar que los demás son solo para olvidar. Por eso esperaba con la carita empapada que llegaras con rosas, con mil rosas para mí; porque ya sabes que me encantan esas cosas, que no importa si es muy tonto, soy así. Y aún me parece mentira que se escape mi vida imaginando que vuelves a pasarte por aquí, donde los viernes cada tarde y como siempre la esperanza dice "quieta y quizá sí".
lunes, 5 de septiembre de 2011
Sonríe duendecilla.
Que ahora la mitad de las canciones duran tres minutos y medio, muchas cenicientas llegan a casa más tarde de las doce y fabrican cigarrillos de sabores. No intentes ver las estrellas desde el centro de Manhattan porque te resultará imposible con el humo de los coches y las fábricas; ni tampoco pretendas pillar wifi en lo alto de una montaña. Que ahora están de moda los pantalones de campana y apenas hay chicas que los llevan; que los príncipes azules ya no existen, se extinguieron. El mundo cambia y la sociedad lo hace con el mundo. Sin embargo siempre tendrás tu peli favorita, sonreirás al ver en la mesa esa comida que tanto te encanta, bailarás bajo la lluvia con uno de esos temas que te motivan y temblarás al ver a esa personita especial a la vuelta de la esquina. Porque por mucho que el mundo cambie, aunque muchos lo intenten, nunca dejarás de ser tú misma.
domingo, 4 de septiembre de 2011
No olvidas a una persona, te acostumbras a vivir sin ella.
Cuando me vaya a la universidad, me iré a una ciudad con playa. Concretamente, a la tuya. No por ti, sino porque allí es donde está mi carrera. Compartiré piso con otras dos chicas, me alimentaré de comida basura y estudiaré como una enferma. Un día de invierno me iré sola a pasear por la playa para despejar. Llevaré unos vaqueros, unas converse gastadas y una sudadera con gorro y bufanda. Llevaré las manos en los bolsillos y después de caminar por la arena húmeda subiré al paseo marítimo. Entonces te veré acercarte a lo lejos, puede que camines solo, con amigos, o con una chica preciosa; eso realmente no lo sé. Ambos nos sorprenderemos mucho, pero nos reconoceremos y nos pararemos. Nos daremos dos besos y un abrazo y nos diremos que cuánto tiempo ha pasado. Nos preguntaremos qué tal nuestras vidas. Tú me dirás que también estás estudiando, que sigues amando la música y que eres feliz. No sé tampoco si me dirás que has encontrado a la chica de tu vida y ahora eres el hombre más afortunado en el mundo o si por el contrario me contarás que estás soltero porque no te ha ido bien en el amor. Yo te diré que tardé en hacerme a la idea de que no estabas, que tuve alguna que otra relación. Tras haber hablado un rato cada uno volveremos a nuestras casas. Yo me tiraré en la cama porque no dejaré de darle vueltas al simple hecho de haberme encontrado con aquel que un día fue la persona más importante de mi vida. Volveré por el paseo otros días para ver si por casualidad volvemos a cruzarnos, sin éxito. Hasta que un día, cuando esté el cielo totalmente cubierto, cuando ya se vaya a hacer de noche, yo vuelva tarde a casa por quedarme estudiando en la facultad. Llevaré una carpeta debajo del brazo, el invierno todavía no habrá terminado. Entonces, de repente, nos tropezaremos y se me caerá al suelo. Me ayudarás a recogerla y no me daré cuenta de que eres tú hasta que nuestras manos se encuentren al coger el último papel accidentado. Nos miraremos, me sonrojaré y sonreirás tímidamente porque no sabrás que decir. Un encuentro breve, nos diremos adiós al instante. Pero justo cuando yo empiece a caminar de nuevo pronunciarás mi nombre de esa forma que tantos años antes, cuando solo era una niña, me enamoró. Me pararé en seco y me temblará todo el cuerpo. Me giraré despacio y en décimas de segundo echaré a correr toda la distancia que nos separa, por poca que sea. Me tiraré a tus brazos y tú me acogerás entre los tuyos. Y nos besaremos. Nos besaremos como años antes, sin importarnos todos los días del pasado que hemos dejado atrás. Sin importarnos que antaño lo nuestro era imposible y que no quedó más remedio que aprender a vivir el uno sin el otro. Sin importarnos la posible chica de tus sueños y mis posibles relaciones. Y es que te aseguro que por mucho que haya en nuestra contra, que no es poco, si tuviera la oportunidad de dejarlo de nuevo todo por ti, no me lo pensaría dos veces.
El capitán Garfio consiguió su tesoro
No nos conocemos demasiado, sinceramente, tampoco tengo interés en hacerlo. Creo que nunca hemos cruzado más de dos palabras cuando nos hemos cruzado alguna vez por la calle. Supongo que dadas las circunstancias debería odiarte, despreciarte, repugnarte y blablabla. Ganas no me faltan, pero si te digo la verdad, no sería capaz aunque me lo propusiera. Te considero afortunada, ahora el tesoro que antes era mío es totalmente tuyo; sus besos son para ti, prácticamente tú eres su única razón de ser. También debería envidiarte, pero sobretodo eso es lo que menos hago. Porque antes de llegar tú era yo la afortunada. Porque antes de robarle tú esos besos, él me los quitaba; porque todos esos tequieros, un día él me los susurraba al oído con una voz que enamoraba; porque yo también he vivido junto a ese que hoy camina de tu mano momentos totalmente especiales e irrepetibles. Es totalmente obvio que nunca encajaremos tú y yo, razones no nos faltan. Pero cuídalo. Yo ya no tengo el derecho ni el privilegio de poder hacerlo. Asegúrate de que es feliz junto a ti y de darle todo lo que se merece; defiéndelo si se mete en algún problema; hazle regalos por su cumple, navidad y san valentín. Y sobretodo y ante todo, ámalo como si te fuera la vida en ello, porque por lo menos, si lo haces, yo, de lejos, podré verlo sonreír.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Vuelve, por favor.
Yo tenía miedo. Miedo a fallar por dar un paso adelante. Tenía miedo al "para siempre" y por eso creo que cuando debía agarrarte la mano me limité a rozarla. Te perdí, te perdí por lanzarme a cumplir mi sueño. Y ahora es cuando me doy cuenta de que te necesito a mi lado, que quiero una fecha, que quiero un "quiero que estemos así siempre". Pero ya se acabó, se acabó y ya sé que no hay vuelta atrás. Sé que eres feliz y que tienes a otra a quien darle la mano y lo entiendo. Nunca pensé que podría llegar a enamorarme de ti, siendo ambos tan distintos. Sin embargo los recuerdos no dejan de atacarme, no dejan de volver a mi cabeza esas tardes, esos besos, esos "tequieros", tu sonrisa, tus caricias. Que ya no me importa todo el daño, ni el dolor, ni los malos ratos. Que si pudiera, en este momento, lo que más desearía sería tenerte aquí conmigo. Tenerte como antes, y esta vez, para siempre.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Aparece principito
Creo que ya basta. ¿Para qué engañarnos más? No, no soy feliz, para nada lo soy. ¿Sabes? Yo siempre había tenido a alguien a quien querer, aunque no fuera mi novio, siemplemente alguien por quien luchar, que me hiciera soñar. Y ahora no, no tengo nada. Es... una sensación de hueco, me siento vacía. Porque aunque lo intente, esa sensación de hormigueo y las cosquillas en el estómago han desaparecido. Cada día cruzo los dedos para que aparezca ese que me robe el aliento, el de verdad, el especial. Sí, quiero sentar la cabeza, quiero enamorarme, quiero sentir, quiero querer. Quiero que me quieran. Quiero un chico que me abrace y me diga cosas vomitivamente cursis al oído. Que me recoja puntual y que me acompañe a casa; que me invite al cine y nos perdamos la película; que me lleve de la mano por el parque. Que me llame para darme las buenas noches, que ponga nuestra fecha en su nick del messenger y me despierte con un "buenos días princesa". Que el día antes de un examen me haga conectar y yo refunfuñe aunque sepa de sobra que es para desearme suerte. Que se haga el remolón para besarme pero que luego lo haga como si cada beso fuese el último.Y ese eras tú, cuando estábamos juntos.
martes, 9 de agosto de 2011
Filosofía juvenil.
¿Nunca te has sentido como si de pronto un día fueras capaz de abrir el cerrojo de una puerta que llevaba mucho tiempo cerrada?
Si me preguntas, no estoy segura de que a una persona de catorce años la pueda enamorar un chico, sin embargo tengo muy claro que no es imposible. Ya sabes, de propia experiencia.
Gracias a eso yo me encerré en mi particular habitación oscura vacía de cuatro paredes frías y me comí las llaves. Oh, no pienses que es algo malo, por lo menos para mí no lo es en absoluto y creo que todos deberíamos pasar por ello alguna vez para valorarnos más a la hora de encontrar esa "copia de las llaves". Te aseguro que en todo ese tiempo fui feliz, lo fui mucho. Pero la particularidad del asunto era que era feliz partiendo de la felicidad de otro. Si él estaba bien, yo también lo estaba; si le pasaba algo, me preocupaba; si no tenía noticias suyas; me desesperaba. Y todo este cúmulo de detalles me hizo pasar días enteros llorando y otros sonriendo, pero sí, lo pasé mal, hubo veces que lo pasé mal. A pesar de todo, sin esa agonía yo no tenía ningún otro camino hacia eso que llamamos felicidad. Digamos que él era la única cosa necesaria para que yo fuera feliz, aunque parezca difícil de entender.
Y un día, así porque sí, mi corazón o mi razón, decidió salir de esa habitación en la que llevaba prácticamente un año encerrada. No sé cómo pasó ni exactamente cuándo, supongo que apareció el indicado para hacerme ver que fuera había más mundo y unas oportunidades posibles que no podía dejar escapar ante una historia, no imposible, pero improbable. Él me sacó de ese cuarto y me enseñó todas las cosas que me había perdido, y sobretodo me enseñó como enseñarle mi sonrisa al mundo sin volver a entrar en mi jaula particular.
Ahora, poquito a poco voy aprendiendo a vivir sin atravesar otra vez la línea que marca la entrada a la habitación agonizante. Me quedo con el recuerdo de la estancia, con la parte buena y con la parte mala, y sonrío cuando cuento a alguien la experiencia, diciéndole lo bonita que fue y aconsejándole que de todas formas, no me haga caso, que viva sin depender de vidas ajenas, lo que viene siendo el camino feliz.
Si soy sincera, me asusta la idea de volver a enfrascarme demasiado en las mariposillas de mi estómago y volver a pasar por lo mismo. Lo sé, he dicho que no me parece algo malo, pero yo ya he pasado por ello, ya tengo la vivencia y estoy totalmente segura de que no habrá nadie como el que me llevó a hacer semejantes locuras. Así que ahora puedo decir que soy feliz, feliz por mi cuenta, por mí misma. Y, sobretodo, que tengo mucha vida por vivir.
Si me preguntas, no estoy segura de que a una persona de catorce años la pueda enamorar un chico, sin embargo tengo muy claro que no es imposible. Ya sabes, de propia experiencia.
Gracias a eso yo me encerré en mi particular habitación oscura vacía de cuatro paredes frías y me comí las llaves. Oh, no pienses que es algo malo, por lo menos para mí no lo es en absoluto y creo que todos deberíamos pasar por ello alguna vez para valorarnos más a la hora de encontrar esa "copia de las llaves". Te aseguro que en todo ese tiempo fui feliz, lo fui mucho. Pero la particularidad del asunto era que era feliz partiendo de la felicidad de otro. Si él estaba bien, yo también lo estaba; si le pasaba algo, me preocupaba; si no tenía noticias suyas; me desesperaba. Y todo este cúmulo de detalles me hizo pasar días enteros llorando y otros sonriendo, pero sí, lo pasé mal, hubo veces que lo pasé mal. A pesar de todo, sin esa agonía yo no tenía ningún otro camino hacia eso que llamamos felicidad. Digamos que él era la única cosa necesaria para que yo fuera feliz, aunque parezca difícil de entender.
Y un día, así porque sí, mi corazón o mi razón, decidió salir de esa habitación en la que llevaba prácticamente un año encerrada. No sé cómo pasó ni exactamente cuándo, supongo que apareció el indicado para hacerme ver que fuera había más mundo y unas oportunidades posibles que no podía dejar escapar ante una historia, no imposible, pero improbable. Él me sacó de ese cuarto y me enseñó todas las cosas que me había perdido, y sobretodo me enseñó como enseñarle mi sonrisa al mundo sin volver a entrar en mi jaula particular.
Ahora, poquito a poco voy aprendiendo a vivir sin atravesar otra vez la línea que marca la entrada a la habitación agonizante. Me quedo con el recuerdo de la estancia, con la parte buena y con la parte mala, y sonrío cuando cuento a alguien la experiencia, diciéndole lo bonita que fue y aconsejándole que de todas formas, no me haga caso, que viva sin depender de vidas ajenas, lo que viene siendo el camino feliz.
Si soy sincera, me asusta la idea de volver a enfrascarme demasiado en las mariposillas de mi estómago y volver a pasar por lo mismo. Lo sé, he dicho que no me parece algo malo, pero yo ya he pasado por ello, ya tengo la vivencia y estoy totalmente segura de que no habrá nadie como el que me llevó a hacer semejantes locuras. Así que ahora puedo decir que soy feliz, feliz por mi cuenta, por mí misma. Y, sobretodo, que tengo mucha vida por vivir.
lunes, 8 de agosto de 2011
Funambulismo.
[Piiiiiii...piiiiiiii....piiiiii]
+¿Diga?
-Hola pequeña.
+¡Que alegría, no esperaba que llamaras! ¿Qué tal?
-Muy bien, ¿tú?
+Bien también.
-Te echo de menos, necesito verte.
+¿Lo dices enserio?
-Claro, tonta, ¿acaso lo dudas?
+¿Yo? (¿Que si dudo? No, no quiero hacerlo, te juro que no quiero. Pero es imposible, ¿cómo no voy a dudar si estás tan lejos? Tengo miedo. Miedo no a que encuentres a otra a quien llamar, sino a que estés ahí, al otro lado de la línea, riéndote, divirtiéndote. Miedo a ser tu peón en el tablero, tu marioneta nueva. Me asusta pensar que quiero verte y no aparezcas, me acojona llevarme el chasco, me acojona un plantón. Y créeme, intento que toda esta mierda, pam!, se me vaya de la cabeza, pero que no, que está ahí. Que siempre has sido genial conmigo, que me encanta tu sonrisa, y adoro tus abrazos y que me digas tonterías y yo me ría, o también perseguirte por ahí para ganarte en cualquier juego estúpido. Y sin embargo ahora es todo distinto, y me pongo nerviosa si me paro a pensar. Y no puedo confiar en la distancia. Jodida distancia, siempre intentando borrar las sonrisas. No puedo permitirme el lujo de volver a tropezar en la misma caída. Ya me ha costado suficiente levantarme una vez. Lo sabes. Entiende que dude, joder) ¡No, claro que no! ¡Yo también tengo muchas ganas de verte!
+¿Diga?
-Hola pequeña.
+¡Que alegría, no esperaba que llamaras! ¿Qué tal?
-Muy bien, ¿tú?
+Bien también.
-Te echo de menos, necesito verte.
+¿Lo dices enserio?
-Claro, tonta, ¿acaso lo dudas?
+¿Yo? (¿Que si dudo? No, no quiero hacerlo, te juro que no quiero. Pero es imposible, ¿cómo no voy a dudar si estás tan lejos? Tengo miedo. Miedo no a que encuentres a otra a quien llamar, sino a que estés ahí, al otro lado de la línea, riéndote, divirtiéndote. Miedo a ser tu peón en el tablero, tu marioneta nueva. Me asusta pensar que quiero verte y no aparezcas, me acojona llevarme el chasco, me acojona un plantón. Y créeme, intento que toda esta mierda, pam!, se me vaya de la cabeza, pero que no, que está ahí. Que siempre has sido genial conmigo, que me encanta tu sonrisa, y adoro tus abrazos y que me digas tonterías y yo me ría, o también perseguirte por ahí para ganarte en cualquier juego estúpido. Y sin embargo ahora es todo distinto, y me pongo nerviosa si me paro a pensar. Y no puedo confiar en la distancia. Jodida distancia, siempre intentando borrar las sonrisas. No puedo permitirme el lujo de volver a tropezar en la misma caída. Ya me ha costado suficiente levantarme una vez. Lo sabes. Entiende que dude, joder) ¡No, claro que no! ¡Yo también tengo muchas ganas de verte!
viernes, 5 de agosto de 2011
Peones de la sociedad.
¿Sabes lo que te pasa? Que te acojona salir al mundo y encontrarte sola de repente. Que no eres capaz de salir de tu círculo de cuatro paredes porque es el único lugar donde te sientes segura, donde tienes un hueco asegurado. Tienes miedo a encontrar a alguien que pueda ser mejor que tú en algún aspecto aleatorio; miedo a que llegue y te pisoteé. Miedo a perder en un dilema que no es batalla ni competición. A todo el mundo le ha pasado. Sin embargo, ya va siendo hora de que abras los ojos y te des cuenta de que hay unos seis mil millones de personas más a tu lado. Que los hay que te van a apoyar cuando vayas cuesta arriba y habrá aquellos que intenten tirarte por el barranco. Los hay más guapos y más guapas que tú, y también más feos. Más listos y más tontos, unos serán más graciosos y más populares. Pero seguro que tú cantas mejor que muchos y dibujas mejor que otros, o haces alguna cosa que se te da mejor que a alguno. Y seguro que siempre vas a tener a un lado a esa persona que nunca te va a soltar la mano, esa que más te ayuda, que te vigila, que te cuida, a quien puedes contarle todo. Porque todos la tenemos. No hace falta ser el mejor, ni pretender estar en el centro. Aquí las normas no son así, y tarde o temprano te echarán a una esquina. Simplemente basta con ser tú. Natural, simple. Y te criticarán y no caerás bien a los seis mil millones, pero serás uno más.
martes, 2 de agosto de 2011
Eat de world.
Pequeña, con alguna que otra punta abierta. Si me enfocas con la cámara te saco la lengua. Me río por nada, adoro chuparme los dedos cuando me queda chocolate de un Cornetto. ¿Converse blancas? No, gracias, de colores. Como mi mundo. Si llego tarde, qué remedio correr por las escaleras. Rock clásico y rock duro. Algo de metal y un poco de rap. Pop para ocasiones especiales; y por la noche, fiesta. Bailo en ocasiones contadas y canto en la ducha; mi color favorito, el primero que salga del armario. Un sabor, a limón, cómo no. Tímida no, me encanta hacer el ridículo, la vergüenza está para perderla. Aunque si pienso en ti, me sonrojo. Y me río a lo tonto como una histérica. Reniego y reniego, pero me gusta que me digas que me quieres y demás cosas bonitas. Espero una llamada, al menos una perdida, o un sms por sorpresa. Me hago la pasota, y espero a que te decidas, sin embargo si te conectas y no hablas, me muerdo las uñas. Desespero si no sé de ti. Pienso y mis principios me dicen que todas estas cosas, es mejor callarlas. Es un secreto, y yo no cuento los secretos. Pero a decir verdad, me encantas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





