A pulso y boli bic




lunes, 30 de abril de 2012

Si alguna vez te rindes, recuerda por lo que estás luchando; lo importante de la vida no es el destino, sino el trayecto que recorremos.


sábado, 28 de abril de 2012

Escalofríos de primavera.

Hemos llegado a un punto que yo no sabría explicar con palabras. Llevo meses intimando con los chopos; los he visto cambiar a lo largo de este tiempo, los he visto con hojas, pero luego se le cayeron y el suelo se tapó con una alfombra a juego con el río que iba hasta arriba, lleno. Ahora todo está verde y el sol se cuela juguetón entre las ramas, aunque a veces hace viento y me despeino. Siempre en el mismo sitio, o casi siempre, me siento tan a gusto con lo que me rodea que podría pasarme horas mirando a la nada sin inmutarme, con los ojos cerrados, escuchando cantar a los pájaros que nos miran desde las alturas. El tiempo pasa, es inevitable, los relojes se paran y sin embargo el tiempo sigue corriendo ansioso por llegar a su meta inexistente, al final del infinito. Tú lo ves pasar, yo lo veo pasar, el mundo lo ve pasar. Y me gusta ver como pasa mientras te ríes, mientras chillo si veo un bicho, cuando me enfado y no respiro. Me gusta, claro que me gusta. Tú también intimas con los chopos, es algo a lo que me he acostumbrado, algo que hacemos juntos. Aunque sin tu sonrisa a mi lado ten muy claro que no sería lo mismo. Para nada lo sería. Y es con tu sonrisa con lo que me quedo de todo esto que te he dicho. 


lunes, 9 de abril de 2012

Goodbye holidays.

Son las 23:42 y la verdad es que me caigo de sueño, pero no tengo ganas de dormir. Mañana rutina, otra vez, qué horror, ¿no? El mundo vuelve a su curso, se despierta el espíritu laboral; las mañanas se quedan sin niños, que quedan encerrados en sus clases, atentos o todo lo contrario a explicaciones que después de las vacaciones no tienen ningún sentido. Tengo la costumbre de mirar por la ventana desde clase, veo cómo avanza el día mientras yo parezco estar congelada sin que corra el segundero de mi reloj. Que se detenga el tiempo una vez más. Quiero pasarme horas en la cama, quiero salir y desfasarme y al día siguiente reírme guardando la noche como una anécdota sin más, quiero no tener hora, quiero hablar hasta las tantas, salir por la mañana. Quiero pasarme horas tirada en el césped sin preocuparme de nada. Pero no puede ser. Bip. La alarma puesta, el uniforme fuera, la mochila perfectamente colocada. Adiós vida, hola rutina, sé que me echabas de menos.